Hoy es uno de
esos días en los que parece, por un instante, que algo se retuerce dentro de una misma: señal
inequívoca de que algo está cambiando.
Y te quedas
ahí, petrificada, con decenas de imágenes pasando estrepitosamente por tu
retina en una incontrolable vorágine de colores, figuras y tamaños. La vista se
nubla. El cuerpo se paraliza. Y se convierte en ventana.
Ventana de
colores, de reflejos. Ventana transparente.
Y vuelves.
Durante unos
segundos no sabes si lo has hecho del todo. Intentas dar razón a lo que ha
ocurrido, pero ya no recuerdas nada. Solo recuerdas que antes no lo sentías: «eso» que ha regresado de «ese lugar» contigo.
Y eres otra.
Aunque la misma.
Abre la
ventana. Y mira…
…………………….……
Dibujaba ventanas en todas partes.
En los muros demasiado altos,
en los muros demasiado bajos,
en las paredes obtusas, en los rincones,
en el aire y hasta en los techos.
Dibujaba ventanas como si dibujara pájaros.
En el piso, en las noches,
en las miradas palpablemente sordas,
en los alrededores de la muerte,
en las tumbas, los árboles.
Dibujaba ventanas hasta en las puertas.
Pero nunca dibujó una puerta.
No quería entrar ni salir.
Sabía que no se puede.
Solamente quería ver: ver.
Dibujaba ventanas.
En todas partes.
Roberto Juarroz
Duodécima
Poesía Vertical
[1991]