«Aquí estoy,
pues, en medio del camino
Después de haber pasado veinte años
Intentando aprender a utilizar las palabras;
Y en cada intento un comienzo totalmente nuevo
Y un fracaso de orden completamente distinto.
Porque solo se aprende a dominar las palabras
Para decir lo que uno ya no quiere decir
O para decirlo como a uno no le gusta
ya decirlo»1 (…)
Después de haber pasado veinte años
Intentando aprender a utilizar las palabras;
Y en cada intento un comienzo totalmente nuevo
Y un fracaso de orden completamente distinto.
Porque solo se aprende a dominar las palabras
Para decir lo que uno ya no quiere decir
O para decirlo como a uno no le gusta
ya decirlo»1 (…)
Hace mucho que no escribo. Mucho.
Pero ahora es el momento. Creo.
Será porque tengo demasiadas cosas que decir. Y
será, como escribió mi querido Thomas, porque no sé si quiero decirlas. Porque
hace tiempo que ya no hablo. No como antes. No de las cosas de las que hablaba
antes.
Así que, si me permitís, a vosotros, os contaré lo
que no quiero contar, lo que hace tiempo que no digo. Pero lo haré a través de
las palabras de otros. Otros que también, en muchos momentos, han recurrido a la
escritura para contar lo que, de otra manera, nunca hubieran contado.
Este espacio servirá para compartir. Compartir palabra
por palabra lo que somos. Pero sobre todo lo que leemos. Será un punto de
encuentro de amantes de la literatura. O si queréis, un mero punto de
encuentro.
Os invito entonces a que participéis, comentéis,
sugiráis y expreséis vuestras ideas y opiniones en este blog. Os animo, también,
a que nos escribáis lo que nunca habéis dicho. Porque lo importante es
intentar. Intentarlo.
Comenzar. Ya lo dijo mi amigo Thomas:
(…) «Así cada empresa es comenzar
de nuevo; una incursión en lo inarticulado
con mísero equipo que sin cesar
se deteriora en el desarreglo general
del sentimiento impreciso: indisciplinadas
patrullas de la emoción. Y aquello que se trata
de conquistar por la fuerza y el sometimiento
ya lo han descubierto en una o dos, o en varias ocasiones,
hombres que uno no puede aspirar a emular;
pero no hay competencia, sólo existe
la lucha por recuperar lo que se ha perdido
y encontrado y vuelto a perder mil veces; y ahora
de nuevo en circunstancias que parecen adversas.
Pero tal vez no haya ni pérdida ni ganancia.
Para nosotros no hay sino el intento.
Lo restante no es de nuestra incumbencia».2
de nuevo; una incursión en lo inarticulado
con mísero equipo que sin cesar
se deteriora en el desarreglo general
del sentimiento impreciso: indisciplinadas
patrullas de la emoción. Y aquello que se trata
de conquistar por la fuerza y el sometimiento
ya lo han descubierto en una o dos, o en varias ocasiones,
hombres que uno no puede aspirar a emular;
pero no hay competencia, sólo existe
la lucha por recuperar lo que se ha perdido
y encontrado y vuelto a perder mil veces; y ahora
de nuevo en circunstancias que parecen adversas.
Pero tal vez no haya ni pérdida ni ganancia.
Para nosotros no hay sino el intento.
Lo restante no es de nuestra incumbencia».2
1,2 Eliot, T.S., Cuatro Cuartetos. Traducción de
Esteban Pujals Gesalí.