Literatura y vida

«Se juega, se gana. Se juega, se pierde. Se juega»
La pasión de Jeanette Winterson

jueves, 7 de febrero de 2013

Me gusta este café


Allí sentada, lo recordó todo.

«¿Lo oyes? La nada. Me gusta estar aquí; me gustaría poder volver cuando ya me haya ido. Siempre me ha gustado este café. Me hace sentir bien. Es casi mágico. Poder volver, digo. Sólo tienes que estirar la mano para tocar de nuevo lo que ya no existe. Y escuchar. Sobre todo, eso».

Largos minutos de sombra dan paso a la luz del mediodía. Ese que parece que nunca llega. A eso me refiero. Todo aquí se hace eterno. Todo se para. Hasta yo.

«Me gusta estar así. Claro, que algún día ya no estaré aquí. ¿Y qué? No me importa. Déjame. Quiero mirar al frente. Sólo mirar».

Parecía que esas columnas, que salían del techo, sujetaban en realidad el cielo. Y a mí, sin ir más lejos. Porque en aquel lugar nada pesaba. No allí. Incluso esos árboles; hasta ellos parecían levitar.

«¿Y cuando me vaya? Cuando me vaya… Quiero quedarme para siempre. ¿Puedo? Me gusta este café. Me hace sentir bien».

La tarde. El sol en mi cara.

«¿Lo ves? La nada. Me gustaría volver y mirarlo cuando ya me haya ido. Mirar. Sobre todo, eso. Dime que puedo».

Oscura, la noche. La luz en mi cara.

«Es hora de irme. Y cuando lo haga, ya no volveré. Me gustaba ese café. Me hacía sentir bien».



Aquí, sentada, lo he recordado todo.



                                                  ........................................



 «Arriba en el cielo, las golondrinas trazaban lazos, volaban haciendo curvas y quiebros, se precipitaban de un lado a otro, giraban y giraban, pero siempre con perfecto dominio, como si estuvieran sostenidas por elásticos; y las moscas que subían y bajaban, el sol tocando ahora una hoja, otra después, burlón, deslumbrándola con oro suave en un gesto de buen humor; y de vez en cuando una campana, resonando divinamente en las briznas de hierba…Todo esto, aun siendo tranquilo y razonable, aun estando constituido por cosas ordinarias, era ahora la verdadera belleza, eso era la verdad. La belleza estaba en todas partes».


Virginia Woolf
La Señora Dalloway

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Abre la ventana



Hoy es uno de esos días en los que parece, por un instante, que algo se retuerce dentro de una misma: señal inequívoca de que algo está cambiando.

Y te quedas ahí, petrificada, con decenas de imágenes pasando estrepitosamente por tu retina en una incontrolable vorágine de colores, figuras y tamaños. La vista se nubla. El cuerpo se paraliza. Y se convierte en ventana.

Ventana de colores, de reflejos. Ventana transparente.

Y vuelves.

Durante unos segundos no sabes si lo has hecho del todo. Intentas dar razón a lo que ha ocurrido, pero ya no recuerdas nada. Solo recuerdas que antes no lo sentías: «eso» que ha regresado de «ese lugar» contigo.


Y eres otra. Aunque la misma.


Abre la ventana. Y mira…


                                                              …………………….……

Dibujaba ventanas en todas partes.
En los muros demasiado altos,
en los muros demasiado bajos,
en las paredes obtusas, en los rincones,
en el aire y hasta en los techos.

Dibujaba ventanas como si dibujara pájaros.
En el piso, en las noches,
en las miradas palpablemente sordas,
en los alrededores de la muerte,
en las tumbas, los árboles.

Dibujaba ventanas hasta en las puertas.
Pero nunca dibujó una puerta.
No quería entrar ni salir.
Sabía que no se puede.
Solamente quería ver: ver.

Dibujaba ventanas.
En todas partes.


Roberto Juarroz
Duodécima
Poesía Vertical
[1991]

lunes, 29 de octubre de 2012

Para decir lo que uno ya no quiere decir


«Aquí estoy, pues, en medio del camino
Después de haber pasado veinte años
Intentando aprender a utilizar las palabras;
Y en cada intento un comienzo totalmente nuevo
Y un fracaso de orden completamente distinto.
Porque solo se aprende a dominar las palabras
Para decir lo que uno ya no quiere decir
O para decirlo como a uno no le gusta
ya decirlo»1 (…)

Hace mucho que no escribo. Mucho.
Pero ahora es el momento. Creo.

Será porque tengo demasiadas cosas que decir. Y será, como escribió mi querido Thomas, porque no sé si quiero decirlas. Porque hace tiempo que ya no hablo. No como antes. No de las cosas de las que hablaba antes.

Así que, si me permitís, a vosotros, os contaré lo que no quiero contar, lo que hace tiempo que no digo. Pero lo haré a través de las palabras de otros. Otros que también, en muchos momentos, han recurrido a la escritura para contar lo que, de otra manera, nunca hubieran contado.

Este espacio servirá para compartir. Compartir palabra por palabra lo que somos. Pero sobre todo lo que leemos. Será un punto de encuentro de amantes de la literatura. O si queréis, un mero punto de encuentro.

Os invito entonces a que participéis, comentéis, sugiráis y expreséis vuestras ideas y opiniones en este blog. Os animo, también, a que nos escribáis lo que nunca habéis dicho. Porque lo importante es intentar. Intentarlo.

Comenzar. Ya lo dijo mi amigo Thomas:


(…) «Así cada empresa es comenzar
de nuevo; una incursión en lo inarticulado
con mísero equipo que sin cesar
se deteriora en el desarreglo general
del sentimiento impreciso: indisciplinadas
patrullas de la emoción. Y aquello que se trata
de conquistar por la fuerza y el sometimiento
ya lo han descubierto en una o dos, o en varias ocasiones,
hombres que uno no puede aspirar a emular;
pero no hay competencia, sólo existe
la lucha por recuperar lo que se ha perdido
y encontrado y vuelto a perder mil veces; y ahora
de nuevo en circunstancias que parecen adversas.
Pero tal vez no haya ni pérdida ni ganancia.
Para nosotros no hay sino el intento.
Lo restante no es de nuestra incumbencia».2

1,2 Eliot, T.S., Cuatro Cuartetos. Traducción de Esteban Pujals Gesalí.